Los trabajadores del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife andan mosqueados, mucho, muchísimo, y llevan varios días buscando por los rincones de la sede municipal de Elías Bacallado botellas de alcohol, que podrían ser fantasmas del más allá, por si acaso estalla alguno en las mismísimas narices de la directora de Recursos Humanos, Nieves Pérez Marichal. El caso es que la búsqueda no da resultado. Ha cundido el pánico. ¿Son botellas que no descansan en paz?
Y todo a cuenta de que Izaskun Iballa, jefa de Recursos Humanos y mano derecha de la tal Nieves (apodada de todo menos guapa), ha remitido una ¿advertencia? a los sindicatos, a la Junta de Personal y al Comité de Empresa (vamos, que no se olvidó de nadie
), recriminando una supuesta concentración de trabajadores con alcohol por medio.
Pero es que no era una concentración como tal, ni una asamblea como sostienen Iballa y Nieves, sino que los currantes, durante 15 minutos, “charlaron” de sus cosas en un patio de las dependencias municipales
En la misiva de marras, que ha sentado como un tiro, se avisa de que “las asambleas deben contar con autorización previa” de Recursos Humanos, y lo mejor, lo que ha encendido a los empleados públicos fijos, laborales y de todos los colores, es eso de que “teniendo conocimiento de botellas de alcohol a la vista del público… se les advierte de las posibles consecuencias disciplinarias…”
Lean la cartita remitida a los representantes de los trabajadores porque es propia de los carnavales que se acaban. ¿No será la letra de una murga que la Iballa se ha mangado con apoyo de la Marichal? Hay dudas y hasta hay quien hace apuestas. ¿Era parte de la segunda canción de los Bambones de la semifinal?
¿Eeeeehhhh? Ay, qué bueno, delirium tremens por doquier.
Ante las posibilidades de reprimenda
, y dado que solo se han encontrado restos de té, café con leche, y hasta leche con gofio (uy, uy, uy, sospechoso) en los termos de los empleados del Ayuntamiento para su desayuno, se han puesto todos a buscar por los rincones vestigios del pecado, con escaso éxito hasta la fecha. Dicen que lo único que encontraron son las tres botellitas de 96 grados para limpiar heridas en los botiquines de emergencias simples. ¿No será que la directora general e Iballa ven espejismos a golpe de mala leche?
La duda y la preocupación sacude la sucursal municipal y hasta han pensado en consultar con el santero Hilario, a ver si les da pistas. Desde el sindicato Sepca se preguntan:
- ¿El alcohol era etílico o metílico? La diferencia es sustancial porque el segundo es tóxico y a ciertas dosis mortal de necesidad. Podría mediar un intento de envenenamiento. Además el alcohol metílico es conocido como “Alcohol de quemar” ¿Habría algún pirómano/a?
- ¿Las botellas tenían un trapo en la boca, empapado en el alcohol? Esto sería gravísimo, por cuanto podría tratarse de cócteles Molotov a punto de ser lanzados. Obviamente, estaríamos ante un caso de terrorismo. Tenían que haber llamado a los artificieros y a ”los UNIPOLES”.
- ¿El alcohol formaba parte del contenido de bebidas “espirituosas”? Entonces la advertencia-amenaza estaría mal redactada porque no debería hablar de”botellas de alcohol” sino de “bebidas alcohólicas“.
- ¿Se intentaba en ese caso de incitar a los contribuyentes al consumo de alcohol? Eso podría ser publicidad engañosa e incumplir alguna ordenanza municipal. Habría que estudiarlo detenidamente.
- ¿Si las botellas de alcohol no hubieran estado a la vista de los visitantes serían legales? Pues ahora que lo pensamos, los botiquines no son transparentes. Igual es por eso. O igual es que RR.HH. entiende que se puede dar al “drinking” mientras no te trinquen ¿Podría ser?
- ¿Las botellas de alcohol provenían de los botiquines municipales? Entonces, si no mediara una situación de primeros auxilios, podríamos estar ante un caso de uso indebido de botella de alcohol.
- ¿Por qué dice el escrito “derivar del citado hecho”? Una vez consultada nuestra asesoría jurídica tenemos que decir que debe ser una licencia literaria. Si no ha quedado acreditada la existencia de las “botellas del alcohol” está claro que no puede “ser un hecho”. Como mucho sería una metáfora. Habría que estudiarlo más en profundidad desde el punto de vista lingüístico.
- ¿Las botellas de Alcohol estaban convenientemente etiquetadas como tal? De no ser así no entendemos cómo los visitantes pudieran saber que contenían alcohol ¿Podrían leer los visitantes los códigos de barras si los tuvieran?
- ¿Representaban un riesgo laboral esas botellas? Mmmm…
- ¿Eran de cristal o de plástico? Mmmm…
- ¿Pretende insinuar la cúpula de RR.HH. que los empleados públicos consumimos “botellas de alcohol” en horas de trabajo? Es un “hecho”, eso sí, que durante las concentraciones han sido avistados unos seres, vestidos de negro, que portaban un casco de obrero de la construcción con una trompeta en su parte superior y una manguerita para “soplar“. Pero el delirium tremens no es contagioso, que sepamos.
- ¿Hubo control de alcoholemia a los empleados públicos para acreditarlo? Mmmm…ya sólo faltaría que nos pusieran el “chip”, como a los perros.
- ¿Se tomaron muestras del contenido de las botellas? Mmmm…El oficio no lo dice.
- ¿Se consumieron más sustancias de esas que alteran el estado de ánimo? Hemos sabido de buena tinta que fue un “hecho” que sobre los parterres de los flamboyanes apareció un polvillo blanco sospechoso, pero hay que tener en cuenta también el “hecho” de que en esa semana hubo calima. Para esnifar la calima no suele hacer falta más que respirar, así que mejor no insistir mucho en este tema.
Lo mejor es que la acusación no se sustenta en prueba concreta, porque ya se habría abierto el expediente al /la borrachuz@ de turno, pero lo dicho, todos pasaron el test de alcoholemia menos una persona…que no estaba en el patio durante la supuesta concentración o charla entre compañeros (que no es lo mismo, que no, que no), por lo que surgen más sospechas, como que si las botellas de alcohol estaban a la vista ¿por qué no fueron confiscadas? ¿Lo fueron y alguien se las quedó emulando la Ley Seca? ¿las ha confiscado la directora general para velar por el bien común y las guarda en su gaveta, de ahí que no aparezcan?
No solo mosqueo, sino hasta preocupación, porque las dichosas litronas, o lo que fueran, no las vio nadie, por lo que también podría tratarse de un caso de ceguera colectiva momentánea. Claro que hay quien dice que en los sótanos apuntalados del cercano Palacete Coviella se llegó a montar una destilería clandestina, oculta entre columnas de apuntalamiento, de ahí la alegría de las alumnas de Pilar Matud…
El lunes, los/las trabajador@s municipales seguirán buscando el/los continentes de líquidos prohibidos para el consumo en horas laborables. Claro, que como tampoco sabemos si lo que vieron Nieves e Iballa era Johnny Walker, Arehucas, Santa Teresa o coñac raspón, hay pocas pistas. Por ahora y sine die, han quedado confiscadas esas tres botellas de alcohol del de desinfectar que antes mencionábamos, solo que estaban dentro de armarios con una cruz roja por delante y no en una barra americana. Algo falla.
Seguiremos informando, a la espera de que aparezca detrás de una papelera algún ejemplar de JB llegado de un inframundo astral (qué miedo)




