Vamos a contar un cuento. Un cuento de una princesa en cuyo reino nadie se ponía enfermo, nadie moría, ni había listas de esperas sanitarias, ni copagos, ni unidades de cirugía al tantán, porque en ese reino, no sucedía nada chungo. Imaginen, imaginen que donde dice Katia, dice Brígida Mendoza, consejera de Sanidad del Gobierno de Canarias:
“Erase una vez un reino llamado Mi Mundo (CC) en el que vivía una princesa llamada Katia que tenía un don especial: una imaginación mágica.
Tan estupendo poder permitía que se hicieran realidad todos sus deseos y los de quienes jugaran con ella. Con solo imaginar lo que le apetecía ser o hacer, se convertía en la protagonista de maravillosas aventuras en las que todo lo fantástico es posible.
Así lograba, por ejemplo, convertirse en su personaje de cuento favorito: Rapunzel.
Katia Rapunzel luce una larguísima trenza mágica que le hace las veces de columpio, de liana saltadora y de manta. Si canta, la trenza se enciende en la oscuridad y sana las pupas al instante.
Aunque como es un rollo ir siempre con una trenza tan larga, cuando le apetece desaparece y se queda con una cómoda y linda melenita color castaña.
Viste un precioso vestido de princesa con sus colores preferidos: malva, rosa y perla, todo lleno de brillantina. Y lleva una corona de ensueño con brillantes, perlas y purpurina a juego. Además, como las princesas de verdad, tiene zapatos de tacón, labios con carmín y las uñas pintadas.
Vive en una preciosa torre de brillantes sueños malva que está llena de libros, pegatinas, rotuladores, plastilina y juguetes. También está repleta de rica fruta, batidos, tartas, chocolate y chuches. (Luego pasa las dietas).
La torre es tan alta que Katia Rapunzel lo contempla todo desde donde vuelan los pájaros y puede charlar de cerca con el sol.
Por supuesto, no está encerrada en esa torre ni tiene que esperar a que nadie venga a rescatarla: vive libre en ella y entra y sale cuando le apetece.
Cuando quiere salir a la calle, ella decide si desciende deslizándose por su trenza (el coche oficial), usando el ascensor o volando (rociada de polvo de hadas). Y para subir, lo mismo.
Katia Rapunzel ha elegido que en este cuento no haya ni bruja, ni lobos ni ningún ser malvado (ni colectivos médicos cabreados, ni que pidan su cese por pésima gestión, ni mosqueos porque la cita en ginecología la dan a dos años vista). Solo su hermanito Paulo y otros principitos, princesas y amigos guays (¡¡todos de Coalición Canaria. Más chachis!!). También mami, papi, abuela, abuelo y el resto de la familia (¿padrinos?). Sus maestras Yure, Cristina, Olga y Ana (asesores. También de CC). Y personajes chachis como Campanilla y las demás hadas, Peter Pan, Jake, Izzi, Gabi y los piratas de Nunca Jamás, Pinocho, Srek y Fiona, Blanca Nieves, el mago Merlín y Arturo, Mickey y Minnie, Caillou, Tarta de Fresa… (Vamos, una parte del Parlamento regional).
Juntos disfrutan infinidad de aventuras jugando en la torre, en el campo, en las montañas, en el cielo y el mar. Siempre con buen tiempo: sin viento, sin lluvia y sin olas molestas en la playa. (Cierto)
Su juego preferido es buscar tesoros: caracolas, piedras graciosas de la calle, flores y bolas brillantes. (Cierto, cierto, cierto)
En el reino de Katia Rapunzel no existe ‘colorín colorado este cuento se ha acabado’, porque siempre hay historias fantásticas para seguir disfrutando. Para que la vida de cuento continúe, solo hay que desearlo”.
Salvo los paréntesis, porque el guante no se pudo aguantar, este cuento lo ha escrito Katia, aprendíz de espiahari. Con solo cuatro años, miren lo bien que ha calado a la consejera.
Hay muchas preguntas que responder en la muerte de una bebé de tres meses con una cardiopatía congénita, que no fue trasladada a tiempo para ser operada. Es de esperar que se abra una investigación en la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Canarias porque, si no, mal quedaría el fiscal jefe de todos los fiscales canarios, Vicente Guerra, después de que se lo haya pedido la Defensora del Paciente, Carmen Flores.
Aunque hay notas de ironía en este post, el Bic está indignado. No solo porque faltan explicaciones en esta muerte, sino porque las explicaciones dadas por Martín Marrero, portavoz del Gobierno de Canarias, suenan a insulto a la inteligencia individual y colectiva, al aludir a la Ley de Protección de Datos para negar información (¿quién ha preguntado por la orientación sexual de la niña, su religión, su DNI, su nombre, apellidos, teléfono o dirección?) Y vale, no se la pudo trasladar en plena tormenta de viento hace una semana, pero es que los aviones tardaron apenas 24 horas en poder despegar de nuevo.
Marrero, ¿no te hubiera valido más decir “hemos abierto una investigación” (aunque prefiramos la judicial)?
Lo dicho. Katia, con 4 años, ya lo tiene claro. Viven en otro mundo.





